Estudio
Estudio familiar de arquitectura con base en Quito.
El trabajo del estudio se desarrolla en torno a una arquitectura atenta al lugar, al tiempo y a las formas de habitar.
Se entiende como una práctica que se construye de manera progresiva, entre el taller y la obra, donde los proyectos responden a sus propias condiciones.


-. Tiempo
La arquitectura se entiende no solo como una profesión, sino como una forma de vida.
Una práctica que se va construyendo con el tiempo, desde el oficio, la experiencia y la relación con su entorno.

-. Oficio
Entre el taller y la obra, la precisión, el oficio y la sensibilidad guían el trabajo.
También el intercambio, las colaboraciones y lo que se aprende en el proceso.

-. Habitar
Creemos en una arquitectura honesta, humana y esencial.
Espacios que se adaptan a las personas, que respiran y que hablan el lenguaje del lugar.

-. Proceso
El trabajo se desarrolla desde la idea inicial hasta la obra terminada, como un proceso continuo.
Un proceso donde espacio, material y forma de habitar se van ajustando entre sí.

-. Lugar
Nos interesa una arquitectura atenta al lugar, a la materia y a las formas de habitar contemporáneas.
Pensarla como paisaje, no solo como objeto. ...como algo que forma parte de su entorno y lo transforma.


"Creo en una arquitectura que se vive desde adentro, que se recorre, que se siente, más allá de lo que simplemente se ve."
La arquitectura ha estado presente en toda mi vida. Crecí entre planos, obras y conversaciones que giraban alrededor de esta profesión, influenciada por mi papá, también arquitecto. Desde muy pequeña aprendí a mirar, a observar y a entenderla no solo como una profesión, sino como una forma de vivir.
Para mí, la arquitectura es algo profundamente sensorial. Me interesa cómo se sienten los espacios: la luz entrando en un lugar, las sombras, las texturas, el silencio, la relación con la naturaleza. Creo en una arquitectura que se vive desde adentro, que se recorre, que se siente, más allá de lo que simplemente se ve.
Disfruto todo el proceso. Me interesa lo manual, el detalle, el contacto con los materiales. Estar en obra, trabajar con los maestros, entender cómo las ideas se transforman en algo real. La arquitectura, para mí, es un oficio: un equilibrio entre pensar, hacer y sentir.
En las obras en las que participo, lo que más busco es generar conexión. Que las personas puedan sentir los espacios de la misma forma en la que yo los pienso. Que los habiten, que los vivan.
Entiendo la arquitectura como un todo: volúmenes, luz, sombra, naturaleza, funcionalidad y estética. Pero, sobre todo, como algo que atraviesa la vida cotidiana y termina por definir la forma en que uno observa el mundo.


"... la arquitectura es también una forma de vida. Se la piensa, se la siente y se la recorre."
La arquitectura implica, ante todo, responsabilidad. No se trata únicamente de producir edificios, sino de intervenir con conciencia en la forma en que habitamos el mundo y nos relacionamos con él.
Proyectar hoy exige comprender el habitar contemporáneo: una condición atravesada por cambios tecnológicos, nuevas formas de vida y urgencias medioambientales que obligan a repensar nuestra relación con el territorio. La arquitectura intenta responder a estas transformaciones sin desligarse de la historia, la memoria y la identidad de cada lugar.
El proyecto arquitectónico se entiende como un proceso abierto de investigación, que se enriquece desde múltiples direcciones. Involucra una comprehención del habitante, pero también del contexto social, cultural y territorial en el que se inserta. Parte de una reflexión conceptual —alimentada por lecturas, referencias y experiencias— que poco a poco se traduce en geometría y, finalmente, en forma construida.
En ese recorrido, el lugar, el tiempo, las limitaciones y la materialidad dejan de ser únicamente condicionantes para convertirse en parte activa del diseño. La arquitectura organiza el espacio para construir relaciones: entre personas, entre lo público y lo privado, entre naturaleza y artificio. Así, lo construido pasa a formar parte de un paisaje habitado, en diálogo con su entorno y con las múltiples formas de vida que lo comparten.
A nivel personal, la arquitectura es también una forma de vida. Se la piensa, se la siente y se la recorre. Se la dibuja, se la anota, se construyen sus maquetas. Se viaja para comprenderla mejor, se leen libros, se escucha a los maestros. Es una práctica que obliga a mirar el mundo con atención y que, en el fondo, parte de una convicción optimista: la de intentar construir, aunque sea modestamente, un mundo mejor.


"Fui adquiriendo destrezas, como cualquier artesano, hasta reconocer que esta profesión debía estar al servicio de las personas y sus necesidades."
La arquitectura siempre fue parte de mi vida. Desde niño recuerdo a mi padre llegar a casa —una de las primeras diseñadas por arquitecto en Cuenca— con exámenes de sus alumnos, llenos de dibujos de arquitectura clásica. Él era profesor de historia del arte.
Visitábamos también a su mejor amigo, en una casa que aún recuerdo como una joya del diseño residencial. Ahí veía mesas de dibujo, lámparas, lápices, rapidógrafos, planos a medio hacer. Todo eso se fue metiendo en mi vida. Luego vinieron mi hermano, familiares y amigos, todos entregados a este mundo, a esta causa. No era difícil optar por ella.
Con el tiempo entendí que estaba frente a una forma singular de ver, sentir y pensar el mundo. Fui adquiriendo destrezas, como cualquier artesano, hasta reconocer que esta profesión debía estar al servicio de las personas y sus necesidades. Que debía ayudarlas a realizarse y emanciparse, y que llevaba implícito el concepto de ciudadanía, lo que exige respeto y honra al medio, al contexto, a la identidad y a la historia.
Construimos con ideas, sueños y conceptos. Jugamos con la luz y la sombra, y materializamos con estructuras, capas, transparencias, volúmenes, muros, colores, texturas, aire, sol y vegetación. La arquitectura se construye en esa relación entre lo técnico y lo esencial, y forma parte de algo mayor: la ciudad.
Sobre la arquitectura
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